Bienestar: La felicidad como modelo de negocios Segunda parte

31 marzo
Oksana Pikulyova, doctora en Psicología y fundadora del proyecto "University of the Culture of Happiness"
Bienestar: La felicidad como modelo de negocios Segunda parte
En el artículo anterior, establecimos distintos conceptos sobre el bienestar y su impacto dentro de las empresas. Ahora, es momento de que comencemos a hablar sobre la felicidad.

El concepto de felicidad ha sido tema de debate desde tiempos históricos, pero fue solo a fines de los ‘70 que se comenzó a tratar más seriamente gracias a una investigación que demostró el impacto que tiene en la economía. Incluso surgió un nuevo campo científico, denominado “la economía de la felicidad”, uniendo tres ciencias: la economía, la sociología y la psicología.

Esta nueva orientación fue gracias a un estudio científico liderado por Richard Easterlin, quien descubrió que -aunque los ingresos de los estadounidenses aumenten de forma significativa- el porcentaje de personas felices permanecía igual. Este hallazgo se denominó “la paradoja de Easterlin” y puso en duda el deseo de la sociedad de aumentar su consumo, como forma de lograr un crecimiento real del PBI per cápita. Si consumir no hace más felices a las personas, entonces ¿qué es lo que determina su nivel de felicidad?

Echemos un vistazo a los intereses que tenían los economistas allá por la década del 2000.

En 2006 se creó el Índice Mundial de la Felicidad, destinado a medir el nivel de bienestar subjetivo que sienten los habitantes de diferentes lugares. Se trata de un indicador combinado que mide los logros de todos los países y regiones en cuanto a la capacidad de proporcionarles una vida feliz a sus habitantes, con el objetivo de reflejar el bienestar “real” de cada uno. Si bien los valores del PBI o del índice de desarrollo humano (HDI, por sus siglas en inglés) sirven para comparar los estándares de vida en diferentes lugares, puede que no siempre reflejen la situación real, ya que el objetivo principal de la mayoría de las personas no es ser rico, sino sentirse bien. Como resultado, muchos países ya han comenzado a posicionarse como estados que buscan hacer más felices a sus ciudadanos e incluso introdujeron indicadores de desempeño gubernamental para medir el nivel de bienestar de los habitantes.

Por otro lado, las organizaciones empezaron a considerar que la felicidad de sus empleados y clientes es un tema fundamental. En el libro Delivering Happiness. A Path to Profits, Passion, and Purpose, de Tony Hsieh, se establecen tres conceptos:

  • Los empleados son felices cuando sienten que el destino está en sus propias manos; cuando tienen la oportunidad de capacitarse, de crecer laboralmente, de participar en el día a día de la empresa y de desempeñarse en lo que consideran importante.
  • Un análisis de la pirámide de Maslow aplicada a lo laboral, permite definir la felicidad para los clientes, empleados e inversores como la satisfacción de sus necesidades de nivel superior, el respeto de los demás y la autorrealización.
  • En sentido general, la felicidad es el conjunto de tres tipos de placer: conquistar nuevos horizontes, sumergirse completamente en el negocio favorito de uno y alcanzar metas de vida más altas.

Durante las últimas décadas, muchos estudios dirigidos dentro de empresas, demostraron que el nivel de bienestar nos afecta directamente, así como también sustenta nuestro compromiso y motivación laboral. Por ejemplo, se demostró que en el 70% de los casos, la productividad aumenta o disminuye en base al estrés, las relaciones familiares y las preocupaciones personales.

  • En este mismo sentido, existen numerosos informes que demuestran los resultados positivos sostenibles de la implementación de programas de bienestar:
  • Empresas con un nivel de bienestar más alto logran un mayor rendimiento: duplican el compromiso de sus empleados, tienen un 70% menos de estrés, cuentan con 6 días menos de ausentismo por enfermedad y consiguen mayores ingresos.
  • El 86% de los empleadores afirma que el bienestar es el factor de mayor impacto en el nivel de compromiso. El 74% considera a los programas de bienestar como un elemento importante en la propuesta de valor de un empleador.
  • Cuando los empleados están conformes, la satisfacción de los clientes es un 10% mayor y el valor de las acciones aumenta un 12%.
  • Cada dólar invertido en programas de bienestar genera un ahorro de $7 en gastos médicos.

Las fuentes se pueden encontrar aquí, aquí y aquí.

Por lo general, no resulta sencillo demostrar los resultados reales de la implementación de programas de bienestar debido a que las empresas no suelen medir su ROI, pero cierta información aún permanece disponible. Por ejemplo, Saint Gobain afirmó que tuvo ganancias por un millón de dólares gracias a dichos programas y Schneider Electric informó que cada euro invertido en programas de bienestar le genera 4,50 euros.

Es evidente que as personas felices trabajan mejor. Poco a poco, este tema se vuelve más común en el vocabulario económico y empresarial. Tal así que, en 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas incluso estableció el Día Mundial de la Felicidad.

La felicidad a nivel personal

Las definiciones más generales consideran que la felicidad es el sentimiento de una vida plena, la autorrealización, la alegría y la satisfacción; pero la fórmula real siempre será personalizada. Cada individuo tiene su propia perspectiva del mundo y, por lo tanto, su propio modelo mental de felicidad. Por ejemplo, Aristóteles creía que “la felicidad es el principal significado de la vida humana” mientras que, según Freud, “el objetivo de hacer feliz al ser humano no estaba en los planes de la creación del mundo”. Como vemos, sus posiciones eran diametralmente opuestas. Según Victor Frankl, era una tontería ir tras la felicidad y, si la buscabas, jamás la encontrarías.

Todos pensamos en la felicidad pero, sin dudas, cada uno tiene su propia idea de lo que ésta significa: son nuestras mentes las que la determinan. Por lo tanto, si queremos abordar este tema de manera seria, primero debemos tratar con nosotros mismos.

Por ejemplo, podemos pensar en el paradigma “la felicidad no es un objetivo, sino una forma de ver la vida”. De esta forma, conseguimos nuestra primera victoria ante el estereotipo general de que la felicidad está afuera en alguna parte y necesitamos encontrarla. La investigación de Sonja Lyubomirsky (2010) demuestra que los cambios en las circunstancias externas producen un aumento del nivel subjetivo de felicidad de un 10%, mientras que el 90% restante le corresponde al nivel de felicidad crónico. Si analizamos este último, vemos que el 50% corresponde a un nivel genético, mientras que el 40% restante proviene de nuestras acciones emocionales y conductuales.

Por lo tanto, la fórmula de felicidad de acuerdo con este modelo, puede representarse con una ecuación:

H = Y + O + Z, donde:

H es el nivel de felicidad sostenible y duradera

Y es el nivel de felicidad heredado, determinado por la genética

O son las condiciones externas

Z son las causas que dependen del ser humano

Este último nivel es el que podemos controlar de manera consciente, generándonos una actitud ante la vida más feliz. Nuestras acciones y pensamientos pueden aumentar nuestro propio nivel de bienestar en hasta un 40% ¡lo cual es un montón!

Si seguimos la tesis del académico Lev Landau, “lo principal es aprender a disfrutar la vida”, entonces podemos enfocarnos en buscar e identificar momentos de alegría (que siempre se encuentran en el proceso y no solo en los resultados). La intensidad de esa alegría no importa; lo relevante es el hábito de identificar esos momentos por nuestra cuenta. Como resultado, se aprenderá a valorar incluso las pequeñas cosas, modificando así el trasfondo del escenario general de nuestro humor.

Happy Way of Life como manifiesto personal en el entorno VUCA 

Happy Way of Life (HWL) es un sistema de características y hábitos personales que nos ayudan a sentir la plenitud, la belleza y la alegría que hay en nuestras vidas. De hecho, puede considerarse como una configuración de ópticas personales (un sistema de filtros cognitivos y emocionales de la percepción) que podemos regular, por lo tanto, cada uno puede percibir a la felicidad a través del prisma de autocontrol.

Si queremos que nuestro nivel de felicidad aumente, y aprender a controlar nuestra alegría interna, necesitamos incorporar nuevos hábitos en tres niveles:

  • Cognitivo (aprender a pensar de forma diferente);
  • Emotivo (aprender a reaccionar de forma diferente);
  • Conductual (aprender a comportarse de forma diferente).

Vale la pena recordar que, en este camino, existen algunas barreras que viven dentro nuestro:

  • La desvalorización del concepto de “felicidad”;
  • El perfeccionismo;
  • La adaptación hedónica;
  • Nivelar el valor del proceso (en la lucha por los resultados)
  • La búsqueda de la excelencia;
  • La demanda de atención o aislamiento;
  • El control excesivo;
  • La desconfianza hacia otros;
  • La desconfianza hacia la vida;
  • La falta de concientización.

Es sencillo: si podemos superar estas barreras, podemos aprender a vivir una vida más feliz y significativa, percibiendo una mayor alegría sobre la vida en general y en nuestro trabajo en particular.